Políticos, expertos y representantes públicos compartieron una preocupación común: Europa depende en gran medida de tecnologías externas, especialmente de grandes empresas fuera del continente. Esta dependencia ya no se percibe solo como un problema económico, sino también como un desafío para la democracia.
“Ser independientes cuesta, pero depender cuesta más”
En el panel “Digitale Souveränität: von der Vision zur Praxis”, con el secretario de Estado Alexander Pröll y el ministro Dirk Schrödter, Pröll fue claro desde el inicio: Europa necesita reducir su dependencia digital, del mismo modo que ya se debate en ámbitos como la energía o la seguridad.
“Romper dependencias es caro, pero a largo plazo es aún más caro seguir dependiendo”, señaló.
Un ejemplo práctico desde Alemania
Mientras muchos países siguen en fase de discusión, Schleswig-Holstein ha comenzado a aplicar cambios concretos. Schrödter explicó cómo su administración está migrando progresivamente hacia soluciones de código abierto.
No se trata de una ruptura brusca, sino de una estrategia de modernización: adoptar herramientas que permitan mayor control, más transparencia y menor dependencia. En ese contexto, la soberanía digital deja de ser solo un asunto técnico y se convierte también en una cuestión de capacidad de decisión pública.
Economía y democracia
Otro de los mensajes centrales fue que la soberanía digital trasciende lo tecnológico. Es, ante todo, una cuestión estratégica. Apostar por tecnología desarrollada en Europa no solo reduce dependencias, sino que también impulsa la innovación, fortalece el tejido empresarial y genera nuevas oportunidades de crecimiento.
Al mismo tiempo, la dimensión democrática resulta clave. Pröll advirtió que los algoritmos y la desinformación pueden influir en la opinión pública e incluso en procesos electorales. Sin mecanismos adecuados, estos riesgos pueden debilitar las democracias europeas.
En este contexto, subrayó la importancia de la formación: la educación digital es un elemento esencial para fortalecer la resiliencia democrática.
Europa solo puede avanzar unida
Tanto Austria como Alemania coincidieron en que ningún país puede abordar este desafío por sí solo. El avance hacia la soberanía digital requiere cooperación europea, con estándares comunes, interoperabilidad y objetivos compartidos.
Europa cuenta con el tamaño, el talento y la capacidad. El reto está en acelerar los procesos y tomar decisiones más concretas.
Lo que viene: IA, datos y energía
De cara al futuro, el debate se centró en dos elementos clave: la infraestructura digital —incluyendo centros de datos, sistemas propios e inteligencia artificial— y la energía necesaria para sostenerla. Sin estas bases, cualquier avance en soberanía digital será limitado.
Schrödter lo resumió con claridad: la soberanía digital no se logra con un plan cerrado ni en un plazo corto. Es un proceso continuo que implica sustituir sistemas, adaptar estructuras y desarrollar alternativas propias.
Un camino progresivo, que requiere constancia y decisiones sostenidas. Pero, como quedó claro en Viena, ese camino ya ha comenzado.
--
Safe Democracy Convention 2026
event.innovationinpolitics.eu/Safe-Democracy